Publicidad:
La Coctelera

EL HOMBRE (IN)VISIBLE

Pero ojo que aparece...

Categoría: humor

29 Noviembre 2007

Yo solo quiero... (poema algo romántico y cursi para leer el día de los enamorados)

Yo no me quiero casar
yo no quiero compromisos,
yo solo quiero un lugar
donde esconder el petiso.

Yo no busco instituciones
ni modelo establecido,
yo solo busco ocasiones
para darle bien tupido.

No busco emociones nuevas
ni recordar las de antes,
yo solo busco una cueva
donde guardar al gigante.

Yo no busco licenciadas
tampoco pechos turgentes,
basta que sea mujer
y tenga todos los dientes.

Yo no busco acompañarte
para ver el mundo entero,
sólo quiero presentarte
un japonés con sombrero.

Yo no quiero tener hijos
que reclamen y me exijan,
yo no quiero rumbo fijo,
(pero sí la idea fija).

Si al leerme te das cuenta
que soy machista ordinario
cuando cumplas los cuarenta
voy a serte necesario.

servido por José María 7 comentarios compártelo

23 Septiembre 2007

El Cuatrero (Soneto)

La canasta familiar se fue a la luna
Hace mucho que comer un bife quiero

No me importa si es de lomo o de puchero,
Pero yo no soy un hombre de fortuna.

Decidido a consumir carne vacuna
Quise hacerme de una vaca o de un ternero
Y en la ruta, como el gaucho más cuatrero,
Tiré el lazo, y ahí nomás enganché una.

Pero estaba por hacerla prisionera,
Me miró con su mejor cara de buena
Y su lengua me peinó de una lambida.

¡Me dio lástima llevarla a la faena!
Hoy la tengo en el jardín de compañera,
Ella come pasto y yo, verdura hervida.

servido por José María 2 comentarios compártelo

22 Marzo 2006

HERIBERTO Y LAS DOS VEREDAS (Cuento Inédito)

Iba Heriberto caminando por esa larga y famosa calle. Se trataba de una vía muy transitada por peatones de distintas nacionalidades, culturas, razas y credos. Algunos circulaban por la vereda este y otros por la oeste.
- Yo iré por la que me siente más cómoda. – dijo Heriberto emprendiendo su trayecto por el este.
A poco de andar ve a un ruso de bigotes que caminaba por su misma vereda.
- ¡Un ruso! – observó – Si alguien me ve cerca de ellos pensarán que soy comunista. No faltará quien crea que voy con ellos a algún sitio. Es mejor que me cruce. – dijo, pasándose a la acera oeste.
En esa otra acera caminó unos metros con un poco mas de seguridad. En un momento vio mas gente en su camino. Llevaban gorras de béisbol, camisas floreadas y cámaras de fotos.
- ¡Yanquis! – dijo - ¿Qué harán por aquí? ¿No será una invasión? ¿Estarán estudiando el lugar para luego atacarnos? Yo con ellos no voy ni a la esquina. – y antes de llegar a la esquina se cruzó de vereda.
En la vereda del este ya no había nadie y pensó que seguiría solo, hasta que empezó a alcanzar a un moreno que portaba un enorme pasa casetes.
- ¡Un negro! – protestó – Dicen que a estos tipos no les gusta mucho el trabajo. Sólo quieren rapear y asaltar a la gente común. Lo vi en una película. Yo no creo demasiado en eso, pero por las dudas… - y cruzó nuevamente.
En el lado oeste se topó con u hombre rubio y de ojos celestes.
- ¡Un alemán! – titubeó – Hay que tener cuidado con ellos. Son despiadados, y si me ven diferente, me torturarán y me asesinarán como hicieron con los judíos. Enfrente estaré a salvo. – y eso hizo.
Por el este divisó a lo lejos dos personas de cuyos negros sombreros asomaban unos cabellos largos ligeramente enrulados.
- ¡Judíos! – exclamó – Por muy rabinos que sean, solo les interesa el dinero. ¡Son los dueños del mundo! ¡Bancos, cadenas de TV, financieras…! ¡Todo es de ellos! ¡Tendría que haber un poco mas de equilibrio! Yo no digo que se los mate, no soy tan bestia, pero… - y se pasó a la acera de enfrente.
Allí caminó más tranquilo, pues vio a unas personas que a simple vista no tenían nada de particular. Pero a acercarse a ellos vio que pendían de sus cuellos enormes crucifijos.
- ¡Católicos! – se indignó - ¡La personificación de la intolerancia y la represión! ¡Para ellos todo está mal, todo es pecado, todo es miedo! ¿Y lo del Banco Ambrosiano no es pecado? ¿Y los curas con veinte hijos que hay por ahí? ¿Y la muerte de Juan Pablo I? ¿Por qué no dicen nada? Yo soy creyente, pero a mi manera. – y a su manera, cruzó a la otra acera.
Enfrente se topó con un par de muchachos que llevaban libros. Heriberto sintió curiosidad por sus lecturas. Hasta que en las cubiertas divisó la palabra “Filosofía”.
- ¡Ateos, seguro! – aseguró - ¡Esta gente es más rara…! ¡Siempre creen saber más que uno! ¿Tanto estudiar y leer para qué? ¡Para terminar desconociendo a Dios y su mandato! ¡Después se hacen anarquistas, predican a favor del aborto y más tarde nos acaban matando a todos! ¡Total, piden un mundo sin leyes! Mejor los evito. – y cruzó sin dudar.
Nuevamente en el oeste encontró a otras personas que también llevaban libros. Otra vez curioseó y descubrió la palabra “Abogacía”.
- ¡Abogados! – sentenció - ¡Encarcelan inocentes y liberan delincuentes! ¡Estudian la ley hasta la última letra! ¿Para qué? ¡Para luego meter trampas en cualquier hueco que encuentran! ¡Espero nunca necesitar uno de ellos! – y marchó para enfrente.
Allí vio a un hombre muy mal vestido.
- ¡Un pobre! – temió - ¡Seguro quiere pedirme algo o robarme! – Y cruzó.
En el oeste encontró otro hombre muy bien vestido.
- ¡Un rico! – se asombró - ¿De donde habrá sacado todo lo que tiene? – Y escapó.
En el este encontró un hombre de bigotes.
- ¡Un turco! – bramó - ¡Seguro que debe tener dinamita en todo el cuerpo! – Y corrió.
En el oeste se topó con un señor de sombrero.
- ¡Un inglés! – despreció - ¡Seguro que no tiene sentimientos! – Y lo eludió.
En el este caminaba un hombre con tiradores.
- ¡Un italiano! – se rió - ¡Seguro que es aceitoso y gritón! – Y se apartó.
En el oeste iban dos muchachos rudos.
- ¡Matones! – gritó - ¡Seguro que me quieren agredir! – Y los esquivó.
En el este iban dos jovencitos de la mano.
- ¡Maricas! – se escandalizó - ¡Seguro que van a violarme! – Y huyó.

Esa misma noche, el cuerpo de Heriberto yacía inerte en la mesa de una morgue. A su lado, dos médicos hablaban.
- ¿Y a este qué le pasó? – dijo uno.
- Lo atropelló un coche mientras cruzaba de acera.
- ¡Un imbécil! – determinó - ¡Seguro que cruzó sin mirar! – Y lo tapó.

Cuento participante del concurso "Cruzando Culturas" del año 2005, organizado por el Ayuntamiento de Mérida

Tags: humor, cuento, racismo

servido por José María 5 comentarios compártelo

18 Marzo 2006

AVENTURAS EN ALTA MAR (Un cuento inédito de José María De Feo)

El capitán Sören McKagan estaba nervioso.Esa noche no durmió, porque estaba nervioso. Llenó, encendió y quemó cinco veces su pipa, porque estaba nervioso. Maltrataba a su loro, porque estaba nervioso. Estaba muy nervioso.
Tenía que tomar una decisión urgente. Para ello, estuvo toda la noche con el compás, las cartas de navegación, la brújula y los sensores meteorológicos, midiendo, calculando, hablando por el radio y rumiando. Por la mañana, salió de su camarote y fué a cubierta, donde reunió a la tripulación del "S.S.Chaggart".
Fuertes vientos provenían del norte, pero la ruda tropa no se amilanó.
-Marineros, se viene una tormenta muy fuerte...
-Mala suerte -interrumpió el grumete Kirk- y yo no traje mi paraguas.
-Lo que quiero decir
-continuó el Capitán mientras abofeteaba al grumete Kirk-es que debemos tomar medidas urgentes para que no nos tome desprevenidos. Necesito que uno de ustedes suba al palo mayor y me diga qué es lo que ve. Pero no puede ser cualquiera. Debe tratarse de alguien de contextura fuerte y resistente.
El marinero O´brien, fornido y bravo, fué el primero en ofrecerse. McKagan sonrió satisfecho.
O´Brien subió al palo mayor y gritó:
-¡No veo nada en especial, Capitán McKagan!
-¡Sigue mirando, muchacho! ¡Sube más!
O´Brien subió más. Pero el fuerte viento del norte hizo que el barco se balanceara violentamente. Esto, sumado al peso del tripulante en la punta del palo mayor, provocó una peligrosa inclinación del navío.
O´Brien quiso sostenerse, pero el palo estaba más engrasado que de costumbre en su cúspide.
El fortachón no resistió, sus manos resbalaron y cayó al mar.
No alcanzaron a gritar "Hombre al agua", que se lo comió un tiburón que por allí pasaba. Casi podría decirse que lo cazó en el aire al pobre O Brien.
-No os preocupeis -tranquilizó el Capitán a la desesperada tripulación- que ya está resuelto. Para la tormenta estamos bien preparados. Lo que me preocupaba era el sobrepeso del barco. Y las provisiones. Y la solución era sacarnos de encima a este animal que comía como una lima de estreno. Por suerte, lo que teía de grandote, lo tenía de mastuerzo.
Luego de esta hazaña, y de otras similares, el Capitán Sören McKagan fue nombrado Jefe de Personal en esa misma companía pesquera...

servido por José María 9 comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de José María

EL HOMBRE (IN)VISIBLE

Santa Fe, Argentina
ver perfil »
contacto »
José María De Feo es guionista, humorista y músico. Vive en la ciudad de Santa Fe, República Argentina. Trabajó como humorista en radio y televisión. Actualmente escribe varios proyectos de comedias televisivas. Su actividad como músico continúa hoy en la banda "Plástico", dedicada a la música de los 80, de la que es tecladista y cantante. En sus (pocos) ratos libres se dedica a escribir relatos cortos de corte humorístico, que son los que presenta aquí con gusto (y algo de vergüenza).

Fotos

José María De Feo todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Categorías

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera